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Cantarle a la vida con una profunda reflexión sobre el camino de la existencia, es el punto de coincidencia entre Ana del Castillo y Leandro Díaz: dos tiempos distintos, pero dos historias parecidas dentro de un folclor vallenato que arropa con esperanza a estos grandes del género musical.

 

El talento nació con ellos y la vida se encargó de ponerles las pruebas, las mismas de las que hablan, para sorpresa del universo, en una canción que coincidió en llamarse: 'Dios no me deja'.

 

Primero ella. Ana del Castillo es dueña de una personalidad que no tiene límites, que su fin es experimentar sin miedo al error, pero con la proyección de no sacar de su entorno el éxito; y claro, las críticas han jugado su roll, por salirse del molde de lo tradicional, de lo convencional, de un modelo que pone fronteras a quien se atreve a alzar la mano ante el llamado a lista de los que ponen el pecho.

 

"Yo sé que soy rebelde, eso nació con mi vida y si a alguien he ofendido me puede perdonar. Necesito los aplausos de mi gente querida, los abrazos que no me dieron, ustedes me los pueden dar", dice Ana del Castillo en la primera estrofa de su canción, como abriendo la profundidad de su ser a un público que ha conquistado y del que no quiere despegarse. Ahí está dibujada su vida personal y artística.

 

"Todo lo que soy se lo debo a ustedes, yo nunca pensé que iba a cantar. Yo siempre fui bohemia, más por mis heridas, y ahora más los necesito, no me pueden dejar, y a veces digo cosas que a cualquiera lastima, pero no paren bolas esa es mi forma de hablar", se describe Ana. No miente, lo natural de su ser la mete en líos, pero la saca también.

 

 

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"Hay unos que critican, a otros les causa envidia, no soy monedita de oro pa' a todos conquistar, pero yo voy pa lante aunque me duela la herida, porque Dios es muy grande y sé que voy a llegar. Porque Dios no me olvida, porque Dios no me deja, porque Dios no me olvida y sé que voy a llegar", canta a alma descubierta.

 

Esta canción de Ana del Castillo es nueva, ya suena en las emisoras del país y lleva tendencia de crecimiento en las plataformas digitales musicales, como reflejo de lo que siempre genera esta cantante vallenata: furor.

 

Ahora Leandro. A él la gracia de ver con la vista no lo acompañó desde su nacimiento, pero toda su vida vio con los ojos del alma, por eso tuvo la profunda capacidad de retratar lo que ni un águila pudo: a una sabana sonriendo cuando por ella camina una mujer.

 

"He sufrido mucho en esta vida, dirían que es mentira si yo no cantara. Si la pena matara enseguida, ya de este hombre nadie recordara. Es para mí una tonada, algo divino, Señor, eso que nace del alma, arte, respeto y amor", canta Leandro en su canción.

 

Ambas obras podrían catalogarse como un verdadero himno de esperanza y motivación para quien lo escuche y esté pasando por una de esas pruebas duras de la vida. Son verdaderos testimonios de superación, de entender que el dolor es natural, pero que la fuerza para vencer viene de Dios.